Los cambios de temperatura, el estrés y el paso del tiempo provocan que la piel de nuestro rostro comience a perder luminosidad y se vea más reseca.

Por eso es súper importante complementar la limpieza e hidratación diaria con una buena exfoliación ya que de esta manera la piel se regenera y permite que quede más permeable y lista para absorber los nutrientes y principios activos de los productos humectantes y de rejuvenecimiento.

Después de la exfoliación, la piel absorbe mejor cualquier tipo de tratamiento, como las cremas para las arrugas.

A la hora de elegir un exfoliante debés tener en cuenta:
• Que sea hipoalergénico.
• Que tenga algún componente hidratante.
• Que no sea irritante.
• Que no sea grasoso.
• Para piel seca, sensible y mixta el gránulo debe ser normal o pequeño para que no maltrate la piel.
• Para piel grasosa el grano debe ser más grueso, con el objetivo de que remueva no solo la grasa sino la piel muerta.

¿Cómo se deben usar los exfoliantes?
• Lo más recomendable es exfoliar la piel en la ducha para aprovechar el vapor del agua, pues este prepara los poros favoreciendo el proceso.
• Hacete masajes circulares ascendentes.
• Retirá con abundante agua cualquier residuo de exfoliante.
• Finalmente hidratá para asegurarte de que la piel quede firme y renovada.
• Si es la primera vez que te exfoliás la piel empezá con una vez a la semana y al mes aumentá a dos veces.
• Si tu piel es muy fina y delicada, unas dos veces al mes será suficiente.

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Por Karina Bianco

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